lunes, 1 de febrero de 2016

XXII Campeonato de España Open de Invierno de Natación Masters. Cuarta Jornada.

La última jornada era desconcertante para mí. Acostumbro a preocuparme únicamente de lo que nado en cada momento, pero la fijación por batir el récord del mundo de 50 libre +40 me hacía replantearme mi manera de afrontar las tres pruebas que hacer. La primera era 50 braza. No guardé nada, el duelo era demasiado apetecible como para reservarse. Fidel ocupaba la calle 4, yo la 5. Por otro lado sabía que el favorito en mi categoría era Ivan Agirre, que también nadaba en la última serie, así que fui "con todo". Fidel salió como un misil, 29.29 le dieron la mejor marca del campeonato. Agirre fue segundo a una sola centésima, arrebatándome el récord de España. Yo me quedaba cerca de ambos con 29.41, con un récord menos y plata de la categoría.

Fidel había finalizado su campeonato a lo grande, pero a mí me tocaba afrontar el 100 libre. Lo tuve claro, era la ocasión para dejar de nadar con el corazón y escuchar a la cabeza, así que decidí afrontarlos de forma conservadora. Me limité a vigilar el registro de Juan Benavides en la serie previa, él era el rival más peligroso. Sus 52.52 me dieron dos mensajes, el primero era que acababa de perder otro récord de España, el segundo era que para hacer el oro de la categoría el desgaste iba a ser importante. No cambié el plan, parcial cómodo de 25.70 y unos segundos 50 metros algo "alegres" me daban una plata con 53.23.

Y llegó el momento definitivo. Mi único objetivo verdadero del campeonato estaba en la cuerda floja. Era la última oportunidad, la primera posta del 4x50 libre mixto +120. No soy maniático y menos aún supersticioso, pero decidí optimizar al máximo y estrené un bañador (de cuya marca no voy a acordarme, suficiente dinero me ha costado je je). En la cámara de salidas empecé a autoconvencerme, era mi ocasión, no sabía si habría otra. Mañana mismo alguien podría ser mejor que yo y poner fuera de mi alcance ese récord. En mi cabeza sólo había una idea, ahora o nunca. El corazón me latía muy fuerte, sentía calor en el pecho. Me puse las gafas allí mismo, los ojos vidriosos me delataban, la emoción era difícil de controlar y no quería que nadie se diera cuenta. Desfilamos hacia nuestra calle. Me venían a la cabeza los ánimos que tantas personas me habían dado desde el primer día. En ningún momento me había escondido, a todo el mundo le había ido comentando que ese era mi objetivo. No soy pretencioso, pero tampoco hipócrita, nada me hacía más ilusión que un récord del mundo y encima en la prueba más rápida que existe. Siempre he sido de segunda fila, sólo el tiempo, la perseverancia, el esfuerzo y la ilusión me habían brindado mi oportunidad de hacer algo que hasta hace no mucho no me habría atrevido ni a soñar. Me despojé de la ropa y me situé al lado del poyete de salida. Momentáneamente me olvidé del equipo, no había relevo, sólo yo contra el crono, así de simple era todo. De repente un flash me vino a la cabeza, me acordé de mi hermano y de cómo me gustaría compartirlo con él. Todo se me acababa de ir de las manos, iba a nadar con furia, con el corazón, como siempre he sido.

Sonó la bocina, reaccioné como pocas veces. No recuerdo la entrada al agua, sólo las primeras brazadas. Parafraseando a un amigo, salí como un Miura. Llegué al volteo, otra vez algo lejos, pero me daba igual, la carrera seguía. En un momento puntual me pareció que las piernas aflojaban, aumenté la intensidad. Pocas veces he sido tan consciente de que cada movimiento contaba, así que apreté dientes y lo di todo. Últimos metros, placa a la vista. Había hecho casi todo, pero aún no tenía nada. La llegada dictaría sentencia. No podía volver a fallar en eso. Toqué la pared sin fallos. Se había acabado. Miré el marcador pero el tiempo no aparecía. En cuestión de segundos acabó el relevo. Éramos campeones de España pero de mi registro no sabía nada. Salcedo, encolerizado, fue a preguntar mi registro pero no salimos de la duda. Toda la gente que me había animado a conseguirlo me preguntaba y yo no sabía qué responder.
Finalmente me llamaron por megafonía y me lo confirmaron. Ahora sí, 23.05 WR. No soy muy dado a exhibiciones y muchas veces eludo tocar la campana al hacer un récord, pero esta vez sí que la iba a hacer sonar.


Fdo: Oliver P.

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